¿Síndrome postvacacional o cambiar de trabajo?

Identifica cuál es el verdadero origen de tu malestar

Aún no estar reconocido formalmente como trastorno psicológico y, por lo tanto, no haber evidencias contrastadas para el diagnóstico del síndrome postvacacional, parece haber tomado protagonismo en los últimos tiempos. Hecho que nos puede llevar a pensar en una nueva tendencia social más allá de una enfermedad ligada a un estado propiamente depresivo.

La cultura por el bienestar y los hábitos saludables están promoviendo, cada vez más, el culto por la consciencia. En los último años parece que hemos progresado en la sensibilidad para detectar de forma más rápida aquello que nos hace sentir mal; o quizás hemos desarrollado la tendencia a patologizar cualquier malestar que tenemos. A veces, con intención de medicalizarlo como opción fácil.

Así pues, se usa el concepto síndrome como alternativa a enfermedad porque, aún no estar diagnosticada como tal, los síntomas son reales: falta de apetito, somnolencia, falta de concentración, taquicardias, dolores musculares, insomnio o irritabilidad.

Hay una fina línea entre estos síntomas y la lucha contra las ganas biológicas de cualquier ser vivo de seguir relajado gastando la mínima energía. Si este es tu caso, tranquilo/a tu malestar estará resuelto de forma natural en menos de dos semanas. Si por el contrario, el malestar persiste y se intensifica el día previo al inicio de semana, para.

Muchas personas viven las vacaciones como un oasis en el que pone en suspenso los problemas del año relacionados al ámbito profesional. Pero lejos de desaparecer como por arte de magia, estas sensaciones de malestar persisten a la vuelta. 

Nos gustaría poder decir que los problemas en el trabajo simplemente se encuentran en el entorno laboral. Un compañero repelente, un jefe insensible, unas tareas pesadas, unas condiciones de horario exigentes, una empresa que no escucha… Pero focalizarnos en que el origen de los problemas no depende de nosotros, significa rendirnos a la inercia de que estas variables decidan cambiar por ellas mismas.

Una postura pasiva que provoca una agonía sin fecha prevista de fin. 

Valorar cuál es nuestro propósito, si el trabajo cubre más tareas que nos motivan de las que no; trabajar el hecho de no ser capaz de luchar por unas condiciones mejores, saber cuál es tu posición dentro de la organización, aprender a gestionar los diferentes perfiles para lograr una sensación de bienestar en el día a día, entrenar nuestro foco o valorar si es el trabajo adecuado para sentirnos identificados con la frase: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.

Para ello, es necesario un periodo de introspección que nos ayude a ordenar toda nuestra información y nos permita tomar una decisión acorde con nuestros deseos, a veces, más profundos. El periodo vacacional es un buen momento para llevar a cabo esta tarea, si realmente has decidido cambiar tu situación de angustia en el trabajo. Por el contrario, si ya te has reincorporado, te aconsejamos que organices tu agenda para dar prioridad a la solución de este problema. Verás que una vez hayas definido hacia dónde quieres ir, las oportunidades aparecerán delante de ti.

Síndrome postvacacional

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