¿Qué es la Resiliencia? Cómo afrontar psicológicamente la pandemia

Después de más de un mes confinados en casa y agotados de tanta información y artículos sobre el COVID-19, se presenta complicado sacar la parte positiva a la situación, seamos sinceros.

 

Todos estamos expuestos a la misma situación de confinamiento, y soportamos más o menos los mismos estresores. A pesar de esto, hay personas que llevan mejor esta época de adversidad y tienen más capacidad de adaptarse, y otras que les cuesta más lidiar con la incertidumbre. Tienen pensamientos negativos, pesimismo e, incluso, somatizarán estas emociones con insomnio, cefalea, contracturas musculares, nudo en el estómago, presión torácica, ganas de llorar, disminución o aumento del apetito, etc..

¿Y de qué depende que unos lo llevemos mejor y otros peor? De la resiliencia.

 

En este artículo explicaremos qué es la resiliencia desde la perspectiva científica, cómo se desarrolla y cuándo el dolor se puede considerar un trauma.

¿Qué es la resiliencia?

La definición más común que está circulando, según la psicología positiva mal entendida, definiría la resiliencia como la capacidad para aceptar una situación adversa, afrontarla, aprender algo de ella y “llevarte” algo positivo.

 

Pero la realidad es que aquí no acaba todo. La capacidad resiliente conlleva, según el psiquiatra y neurólogo Boris Cyrulnik, iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma o una dificultad; y esta capacidad no se aprende en dos días.

 

De hecho la capacidad de resiliencia se desarrolla durante los primeros años de vida, Cyrulnik incluso habla de los meses previos antes de nacer, ya que, el factor genético no resulta ser determinante en este caso.

En concreto, la resiliencia comenzó a estudiarse, en primer lugar, en niños y niñas que habían pasado su niñez en condiciones traumáticas o privados de cariño o cuidados, es decir, habían tenido dificultades para desarrollar una relación de apego seguro en la que su cuidador/a le diera amor de forma incondicional.

 

La violencia conyugal y la precariedad social influyen negativamente en el entorno de seguridad necesario para que el niño desarrolle la capacidad de adaptarse a los retos que le vienen, de forma tranquila y segura. Por ejemplo, si el entorno seguro protege al niño afrontará el primer día de colegio como un pequeño reto estresante que superará con orgullo.

 

Otra causa del mal desarrollo de la resiliencia es el hábito de ocultar el sufrimiento (muy típico de la cultura española). Guardarse el dolor y, por lo tanto, negar la existencia de sufrimiento, es una herramienta protectora, ya que, permite evitar afrontar el problema, pero en realidad esta negación obstaculiza la resiliencia al tomar la postura de no desarrollar ninguna estrategia para hacer frente a la adversidad.

Que es resiliencia

El dolor es inevitable, el sufrimiento una opción

¿Sería correcto considerar que cualquier sufrimiento es un trauma? La respuesta es no. El trauma lleva implícito sufrimiento, pero haber sufrido no es sinónimo de trauma, y la ciencia nos lo explica.

 

Mediante resonancias magnéticas se ha observado que ante un trauma el cerebro deja de funcionar o funciona mal, es decir, la intensidad cerebral disminuye, se queda “noqueado”. Mientras que con el sufrimiento el cerebro sigue muy activo, de hecho, el sufrimiento es aquello que alimenta la desgracia de la situación: por qué me ha hablado así, por qué actué pasivamente… Algo que bloquea forzosamente la capacidad de resiliencia.

 

En realidad, no podemos hacer un barómetro para determinar qué ha sido un trauma o no, pero según palabras de Cyrulnik “si una persona ha sido vulnerabilizada durante su desarrollo, todo puede convertirse en trauma o herida, ya sea una mudanza, un cambio de colegio o un comentario”.

¿Cómo entrenar la resiliencia?

Aunque los primeros años de vida son los más determinantes, la resiliencia está en marcha toda la vida. Para entrenar la resiliencia es importante tener en cuenta las siguientes pautas:

 

1- Autoconocimiento y autoestima: Saber cuáles son nuestras principales fortalezas y habilidades, así como las limitaciones y debilidades, nos permite trazar metas más objetivas y realistas e identificar los aspectos en los que podemos mejorar. Un camino directo a fortalecer nuestra autoestima y autoconfianza.

 

2- Empatía: En palabras – muy acertadas- de Boris Cyrulnik, la empatía es la capacidad de descentralizarse uno mismo para representar el mundo de otro.
Cuando tenemos empatía, el flujo de dar y recibir afecto en las relaciones con los demás es mayor, lo que incrementa nuestra red social de apoyo. Un punto muy importante para ser una persona resiliente.

 

3- Autonomía: Dejar de lado la convicción de que uno no puede influir en lo que sucede a su alrededor, permite perder el miedo a que las cosas suceden por injusticia o causas ajenas a nuestro control. Esto va a hacer más fuerte nuestra autoestima y nos va a movilizar hacia la resolución de conflictos que potenciará nuestra resiliencia.

 

4- Conciencia de presente y optimismo: Las personas más resilientes tienen el hábito de vivir en el aquí y ahora, el presente, sin que las culpas del ayer o la incertidumbre del futuro le enturbie el momento que están experimentando.
Entrenar la conciencia del presente puede resultar complicado con los ritmos de vida actuales, pero hay formas de entrenar esta conciencia, como el programa de Virtud.

 

5- Flexibilidad + Perseverancia: La existencia de un propósito significativo en la vida da la fuerza interior para responsabilizarse de perseguirlo con flexibilidad.
Ser flexible no implica renunciar a los pequeños objetivos marcados que te acercan al propósito. Al contrario, hace referencia a la capacidad de cambiar el rumbo cuando los objetivos dejan de tener sentido, sin necesidad de sentirse mal por haber abandonado un objetivo inicial.

 

6- Sociabilidad: Uno de los principales consejos que Boris Cyrulnik aporta para entrenar la resiliencia en la edad adulta es: “No se queden solos. Cuando experimentamos un trauma apretamos los dientes y nos aislamos, y esto lo agrava, ya que, solo pensamos en esa situación. Hay que luchar contra uno mismo si nos apetece aislarnos.
Mientras el sufrimiento no se comunique (apoyo afectivo) el trauma se intensifica con pensamientos como: por qué reaccioné así, por qué no me defendí… De esta forma, grabamos el sufrimiento y nos dirigimos a la depresión.”

 

7- Tolerancia a la frustración y a la incertidumbre: Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida, porque solemos tolerar mal la incertidumbre. Además de ganar seguridad tal y como hemos expuesto en el punto 1, otra forma de vencer a la frustración por la incertidumbre es ser capaz de identificar qué aspectos son de nuestra responsabilidad de aquellos que no lo son.

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