El miedo no existe

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Ahora que hemos logrado captar tu atención, te pedimos disculpas por mentirte: El miedo es algo real. Es una emoción básica que, explicada de forma simple, tiene lugar en nuestro cerebro más primitivo o sistema límbico. En gran medida, está regulada por nuestra amígdala mediante la segregación –o no– de oxitocina. Esta hormona nos permite, entre otras cosas, generar empatía hacia nuestros semejantes y evitar las reacciones biológicas de agresividad, huida o paralización que produce el miedo ante un riesgo inminente.

Aclarado esto, queremos explicarte en las siguientes líneas el por qué del título. Según la interpretación conductista de la psicología, el miedo es una emoción aprendida a través del condicionamiento negativo, tal y como veríamos en el experimento Little Albert del psicólogo John Broadus Watson. Por el contrario, la psicología profunda lo atribuye a un complejo inconsciente, de acuerdo a las teorías de Carl G. Jung.

Buscando el pragmatismo y tomando nuestra experiencia como base, el miedo sería causado por una imagen que únicamente existiría en ciertos escenarios futuros, anticipando sus efectos al momento presente. Si consideramos el pasado como única realidad existente en la vida de una persona, tampoco podríamos hablar de miedo. Deberíamos afrontarlo como un trauma si conocemos su origen o como un complejo inconsciente –utilizando las palabras de C. G. Jung–, en caso de desconocer la naturaleza de la emoción.

Tras esta suposición, podríamos afirmar que el miedo no existe debido a que forma parte de un escenario futurible que desconocemos cuán probable es que llegue a suceder. Sabemos que el miedo es una emoción y su función biológica es activar los mecanismos de defensa que garanticen nuestra supervivencia ante una situación presente de riesgo real. A nivel psicológico, activar dichos mecanismos antes de la necesidad práctica, únicamente nos provocaría un desgaste energético injustificado por causa de los efectos fisiológicos que se generan a partir del estrés, consecuencia directa del miedo.

El verdadero valor está en identificar aquello que dota de valor al miedo, tomando una imagen que sólo existe hipotéticamente en un escenario futuro de nuestra mente. Para ello, queremos hacer acopio de la tan famosa frase que se escucha en todos los seminarios de desarrollo “la magia sucede cuando sales de tu zona de confort”. Si entendemos esta “zona de confort” como el escenario de máxima eficiencia energética de nuestro cerebro, es fácil suponer que al salir de ésta se produzca una situación de ansiedad adaptativa a causa del desconocimiento y, en consecuencia, nos pueda llevar al miedo e incluso a la neurosis.

Es muy importante entender que eres humano si sientes esa característica sensación de vértigo o ansiedad adaptativa, así que tranquil@. La biología cerebral nos da la respuesta: Sin una auténtica motivación –del latín motivus o motus, que significa causa del movimiento–, tu cerebro siempre preferirá mantenerse en esa zona conocida. Para mitigar el efecto, encuentra la/s “causa/s de movimiento” que justifique la energía extra que tu cerebro deberá utilizar para crear las nuevas conexiones neuronales y éstas forjarán los hábitos que te llevarán a salir de la situación de la que “deseas moverte”. Nuestra biología también lleva consigo la adaptación y los humanos tenemos esta capacidad especialmente desarrollada ante nuevas circunstancias –tal y como asienta empíricamente Viktor Frankl en “El hombre en busca de sentido”–. Esta adaptación implicará buscar nueva información: leer, formarte, encontrar mentores… Con el único objetivo de minimizar la ansiedad adaptativa hasta llegar a la nueva situación deseada.

La cuestión cambia cuando hay miedo o, incluso, neurosis. Respondiendo a las causas psicológicas del miedo ya comentadas, deberías resolver todos aquellos condicionamientos que puedan llegar a producir esta emoción ante la nueva situación y, sobretodo, resolver todos los complejos inconscientes que te estén llevando a un trauma. Éste, en la mayoría de casos, será el responsable del estancamiento en tu evolución.

El miedo solamente existe en el pasado y lo estás proyectando hacia el futuro, boicoteando tu propio desarrollo. Aunque sea real a nivel neurofisiológico y tu cuerpo se prepare para afrontarlo, es ineficiente que avances sin resolver la causa del miedo, pues estarás yendo en contra de la programación biológica de tu cerebro. Sientes miedo a causa de la interpretación que tu cerebro realiza suponiendo el resultado de aquello que te dispones a hacer, basándote en una información que un día sentiste como negativa. Te recomendamos que pares, analices la situación y busques identificar y resolver aquello que te provoca el miedo. Evitarás actuar con agresividad injustificada, huida hacia delante o paralización ante la situación.

Una vez resuelto, el miedo no existirá. Afrontarás tu evolución de una manera positiva, eficiente y focalizando tu energía hacia aquello nuevo, sin preocuparte por justificar o tapar el pasado.

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