Mitos sobre los trastornos mentales

Mitos y creencias sobre los trastornos mentales

Después de las vacaciones de Navidad, el reto es volver a la rutina.

En los últimos años, el fácil acceso a la información ha permitido acabar con estereotipos y etiquetas en el mundo de la salud. Por suerte, ahora poco se oye aquello de “el mata sanos” para referirse al médico, o el “loquero” para los psicólogos.

Con el tiempo, hemos empezado a dar credibilidad a las teorías relacionadas con la psique, y cada vez más son las personas que se interesan por estos procesos más allá del ámbito profesional. Ahora, ya no se necesita estudiar una carrera para haber oído a hablar de depresión, ansiedad, bipolaridad…

Pero la realidad es que a diario se está utilizando el lenguaje científico de forma incorrecta, frivolizando o incluso tratando de forma errónea las enfermedades mentales. En este artículo veremos ocho ejemplos típicos de mitos y creencias erróneas sobre los trastornos mentales.

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No lo llames depresión

Según datos de la OMS, los trastornos mentales serán la principal causa de discapacidad en el mundo en el año 2030, y la depresión será la primera causa de morbilidad.

Aún así, cada día frivolizamos con estas enfermedades: «Hoy estoy un poco deprimido», «lo que le pasa es que es bipolar»… Nuestro lenguaje se nutre de términos clínicos para definir situaciones cotidianas y además con una fuerte connotación negativa.

En España, más de un millón de personas tiene un trastorno mental grave y se estima que un 25% de la población, tiene o tendrá algún tipo de problema de salud mental a lo largo de su vida (Salud Mental España).

Aún así, estos problemas siguen siendo, significativa y socialmente, poco conocidos. Usando a la ligera los nombres de trastornos, los cuales además de ser usados erróneamente, añaden estigma a quienes están limitados por ellos.
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Mitos sobre los trastornos mentales

1- Referirse a «depresión» cuando realmente es tristeza.

Evidentemente la tristeza es una de las características principales de la depresión, pero no la única. Para ser considerada depresión, la tristeza debe prevalecer gran parte del día durante un periodo largo de tiempo. Además deber ir acompañada de disminución del interés por las actividades que antes generaban emoción, por cambios en el peso corporal, en los hábitos de sueño, en la energía, dificultad para concentrarse, tomar decisiones…

Estar triste por haber tenido una semana horrible o porque mañana es lunes y odias tu trabajo, no es sinónimo de depresión. Aún así, hay que ir con cuidado ya que salir de un proceso depresivo es difícil pero entrar no lo es tanto.

De hecho según el informe de la OMS “Depression and Other Common Mental Disorders. Global Health Estimates”, en 2015 en España 2.408.700 personas tuvieron depresión y ya afecta al 5,2% de la población, lo que nos convierte en el cuarto país europeo con más casos.

2- Nombrar la «ansiedad» para hablar de nervios o incluso de impaciencia.

La palabra ansiedad es el término de moda en nuestros tiempos. Incluso nos justificamos de los atracones de comida llamándolo “ataque de ansiedad”.
Pero cuidado, este concepto no se puede usar tanto a la ligera.

La característica principal de la ansiedad es la preocupación, y aun que sí es cierto que las preocupaciones están a la orden del día, para considerarse un trastorno, debe tener una prevalencia de 6 meses y sin un origen aparente.

Si tienes claro que el trabajo, el cuidado de los niños, las reuniones, las responsabilidades… te provocan un estado de agitación, no estás pasando por un trastorno de ansiedad, sino que tu cuerpo te está dando las energías para que puedas con todo.

3- Decir que alguien tiene «TOC» por ser muy cuadriculado.

Las personas que sufren TOC (de Trastorno Obsesivo Compulsivo) no son simplemente muy ordenadas. Estas personas tienen lo que en psicología se llama, locus causal externo e inestable, es decir, sus éxitos y fracasos dependen de cosas externas que no controlan.

De esta forma, tal y como configuran la información, necesitan controlar minuciosamente aquello que está en su mano, en un intento de evitar que todo se alinee en su contra.

Es por ello que necesitan cerrar ocho veces la puerta hacia la derecha para evitar que le roben o ponerse y sacarse el calcetín cuatro veces para evitar tropezar y caer. La excesiva preocupación y miedo es tal que no son capaces de romper con estos patrones. En casos agudos, deben ser ingresados ya que sus patrones limitan mucho sus vidas.

4- Llamar histérica a una mujer que se altera.

Realmente la histeria es un trastorno mental que trae de cabeza -nunca mejor dicho-  desde hace años a los psicólogos: desde Hipócrates hasta Freud.

Arrojando un poco de luz a esta extraña enfermedad, la histeria se caracteriza por alteraciones de alguna función corporal, por ejemplo, parálisis, temblores o episodios compulsivos; junto una restricción de la consciencia como la amnesia selectiva.

Cegueras o parálisis repentinas sin origen físicos, adopción de una nueva identidad, personalidades múltiples (dos o más identidades), depersonalización (no reconocer su propio cuerpo)… Como veis, es un trastorno muy serio y complejo (bajo mi opinión de los que más) como para usar el término a la ligera.

5- Etiquetar con TDAH a un niño muy activo.

Algunas de las características principales en el TDA es la incapacidad para retener información, por seguir las conversación en general o por la incapacidad de poder leer un texto. Realmente estas personas parecen que vivan en su mundo e incluso les limita en el desarrollo de su día a día.

Hay que diferenciar el TDAH con la falta de habilidad para focalizar o con la falta de motivación. En una sociedad llena de estímulos se presenta necesario trabajar herramientas que ayuden a focalizar así como el trabajo del propósito vital para no perder el objetivo.

6- Usar «bipolar» para referirse a alguien que cambia con facilidad de idea o es volátil.

El trastorno bipolar es en realidad una enfermedad mental grave del estado de ánimo. Tiene períodos cíclicos de excitabilidad o manía, que pueden durar de días a meses, y fases de depresión. Las personas que lo sufren tienen un alto riesgo de suicidio.

Técnicamente las personas con dos o más identidades se llama trastorno de personalidad múltiple y tiene una prevalencia del 2% entre los pacientes psiquiátricos.

7- Decir que es «autista» alguien que vive en su mundo.

Las personas con autismo se enfrentan a muchos problemas de adaptación y de desarrollo: alteración en la comunicación no verbal,  incapacidad para desarrollar relaciones, retraso o ausencia total del desarrollo del lenguaje oral, patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos o repetitivos…

A excepción del Síndrome de Asperger, el autismo va acompañado del retraso en el desarrollo de habilidades. 

8. Llamar «antisocial» a alguien excéntrico.

La palabra antisocial viene siendo un sinónimo a lo que en psicología se conoce como psicopatía. Ojo, las personas con este trastorno tiene comportamientos delictivos, reflejan desconsideración, despreocupación, y vulnerar sin problemas los derechos de los demás.

Se caracterizan por no tener remordimientos y son extremadamente coherentes con sus motivaciones, aún no ser bien vistas a nivel moral o ético.

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