Ansiedad

La enfermedad del siglo XXI

En los últimos años, hemos sido testigos del aumento en la prevalencia de la ansiedad. Según la OMS, en España una de cada diez personas padecen y se medican contra estos síntomas.

¿Cuál es la fuente de este trastorno que da lugar a tal incremento? El estrés.

Fisiológicamente el estrés se define como la reacción de nuestro cuerpo ante un estímulo, percibido por la persona como amenazante para el equilibrio del organismo. En otras palabras, es una respuesta biológica que activa la alarma de todo el cuerpo para afrontar dicho estímulo, ya sea atacando o huyendo.

El protocolo de ejecución siempre el mismo. Primero el cerebro pasa por una fase de alerta. En la que segrega las hormonas indispensables para dotar al cuerpo de la energía y atención necesaria ante la amenaza. Si el elemento estresante se mantiene, se libera un segundo tipo de hormona: el cortisol. Para mantener las reservas energéticas siempre a punto, con la finalidad de que el organismo “aguante”.

En la medida de que la persona siga percibiendo amenaza, el cuerpo seguirá segregando dichas hormonas defensivas de forma permanente, entrando en fase de agotamiento.

Poco a poco, estas hormonas se van acumulando en la circulación sanguínea, intoxicando el organismo y provocando modificaciones hormonales y cerebrales a la larga.

En el ser humano, la tarea de identificar los elementos estresantes se complica. Los estímulos amenazantes no necesariamente nos vienen del exterior, ni tangibles; sino que en gran medida nacen de percepciones internas.

Las incongruencias entre lo que el mundo exterior nos pide y nuestra esencia, la moralidad, la falta de definición de objetivos, la inseguridad en nuestras capacidades, nuestros complejos inconscientes, la distancia entre nuestro niño interior y el personaje, vivir una vida que no sentimos como nuestra… Son algunos de los ejemplos de “amenaza” internas con las que lidiamos en nuestro día a día sin ser conscientes de ello.

Nuestro cerebro, como mecanismo extraordinario, nos está dotando de la energía para hacer frente a cualquier cambio que permita acabar con la sensación de malestar e incomodidad. El problema subyace cuando hacemos caso omiso de sus señales. Sea por comodidad, miedo o limitaciones, y dejamos que esta energía se acumule sin ser usada.

Aunque la ansiedad puede tener múltiples orígenes, parar a valorar quién somos y hacia dónde queremos ir cuando las sensaciones de malestar imperan, puede ser la cura a esta gran pandemia.

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