Mi propio fracaso

Nosotros como origen de nuestra decepción

Desde hace años se lleva cuestionando hasta dónde llega el poder de la mente. Hipótesis sobre la curación mediante el pensamiento, atracción de bienes, incluso mover objetos. Todas ellas, por ahora, inferencias sin base científica, excepto el fracaso.

Ciertamente, lo que sí está constatado empíricamente, es la habilidad del cerebro para trazar -de forma más o menos eficiente- estrategias que nos otorgan el poder de llegar hasta una imagen mental concreta deseada. 

Una gran herramienta sujeta al circuito cerebral de la recompensa que nos incentiva y nos orienta a buscar y encontrar aquello que más nos motiva o nos gusta. 

Todos sabemos que en ocasiones la realidad de los resultados difiere de lo que imaginábamos o queríamos, provocando comúnmente sensaciones de frustración. 
Por consiguiente, el nivel de sentimiento causado por una frustración, es proporcional a las diferencias que hay entre la expectativa de lo que se espera y la realidad (entendiendo la realidad como un conjunto de percepciones y sensaciones subjetivas).

¿Qué puede suceder en el transcurso del camino que me impida conseguir lo que me proponía?.

Inestabilidad en la imagen mental de lo que quiero conseguir. 

Tenemos que ser capaces de ver aquello por lo que nos vamos a movilizar, invertir energía y tiempo y, sobretodo, vernos a nosotros mismos en dicha situación.

Limitaciones, miedos, experiencias pasadas, complejos, dudas, falta de confianza en el fin escogido… Provocan escenarios alternativos en nuestra mente que se presentan de la misma forma que nuestro sueño, confundiendo a nuestro cerebro e incentivando a que reúna las herramientas para conseguir dichos escenarios fatalistas. Como resultado, lo que en psicología llamamos profecía autocumplida. 

Piensa en la última vez que tuviste sensación de fracaso aún habiéndote esforzado para conseguir tu objetivo. Una entrevista laboral, un proyecto, una relación… 
Cierra los ojos y revive el momento, recuerda la situación, el objetivo, la/s persona/s, tus sensaciones, tus pensamientos… ¿Lo tienes?
Perfecto, ahora ¿Serías capaz de poner la mano en el fuego de que en ningún momento, durante el camino, dudaste un solo segundo de que saldría todo bien? Y si sucedió, ¿permitiste que esa sensación se apoderase de ti?

Empieza a tomar control de tu mente y construye las bases de tu propio éxito.

Virtud.fracaso

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