Seguridad en la toma de decisiones

Conoce cómo saber si vas por buen camino

Recientemente, el concepto propósito está cogiendo protagonismo en el mundo del desarrollo personal y en la gestión de equipos. Probablemente, damos vueltas entre ideas como la motivación, la consciencia, el sentido de la vida y la fijación de metas. Entre todas estas palabras de significados aparentemente abstractos, ya partimos con la duda de qué es realmente un propósito, y lo más importante, cómo se que tomo la decisión correcta para mi.

El psicólogo organizacional Edwin Locke definió meta como aquello por lo que una persona se esfuerza por conseguir. Asimismo, afirmó que la fuente básica de la motivación en el trabajo reside en la misma intención de alcanzar y fijación de metas.

Realmente, el autor no iba mal encaminado con la clave del éxito: todo parte de la definición de un propósito. Sí, definir un propósito. Ya que, solo cuando tengas claro hacia dónde quieres ir, estarás en disposición de fijar buenas metas u objetivos.
Ahora bien, ¿podríamos afirmar que el propósito lo tenemos perfectamente definido?

Más del 80% (según Gallup) de la población mundial, afirma que su trabajo no le satisface.

Como resultado, podemos permitirnos el lujo de afirmar que más de la mitad de la población mundial está escogiendo erróneamente sus metas.

Sería idílico decir que la profesión es algo complementario a la definición de la persona, pero justamente creer que el rol profesional es diferente a aquello que define quién somos, es el motivo que determina este 80% de la población.

En occidente, donde es necesario pagar unas facturas a final de mes, la cultura se debe regir por la definición de un propósito personal.

Un motivo o causa que nos empuje a levantarnos cada día con energía y solucionar los imprevistos. 

Una imagen exacta de nosotros haciendo aquello que nos motiva. Por esta razón, la definición del propósito se debe ver de forma más nítida a medida que pasan los años.

Hasta entonces, sabremos que vamos en buena dirección si aquello que hemos escogido como propósito nos hace sentir bien. Así de sencillo y de complejo a la vez.

Ayudar a las personas a encontrar trabajo, desarrollar a las empresas, educar a las generaciones futuras, salvar vidas, crear nuevas herramientas, hacer que la gente disfrute, permitir que la gente se pueda mover, desarrollar el medioambiente…Son ejemplos de propósitos personales que, como podrás deducir, se pueden traducir a una profesión.

Principalmente hay que hacer un acto de conciencia. Juzgar si realmente nos movemos por nuestro propósito o por inercia. Y, además, valorar si el propósito que estoy escogiendo es por iniciativa propia o es el propósito que alguien ha escogido para mi. Muchas veces, nos vemos arrastrados por los sueños de nuestros predecesores o incluso aquellos que la sociedad escoge para nosotros según las variables de sexo, edad y etnia. 

Una vez identificado qué te hace sentir bien y, por lo tanto, que te mueve, es hora de crear objetivos o metas que te acerquen a este propósito. Verás que una vez hayas identificado tu sueño, los objetivos irán apareciendo y cambiando, pero la sensación de bienestar con tus decisiones, persistirá.

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