El inconsciente. ¿Por qué actúo así?

El inconsciente: ¿Por qué actúo así?

¿Qué demonios me ha pasado?

Quizás la expresión «¿Qué demonios me ha pasado?», no es muy usada hoy en día. Aún así, seguro que todos estamos de acuerdo con el significado: “¿Por qué razón he actuado así?”. 

Seguro que alguna vez te has quedado bloqueado o bloqueada delante del comentario del listo/a del trabajo o de tu jefe/a que pone en entredicho tu trabajo o tus habilidades. Luego has pasado varios días dándole vueltas y recabando un montón de contestaciones inteligentes que nunca saldrán de tu boca porque la situación ya ha pasado.

Pues bien, este tipo de actuaciones aparentemente ilógicas y en contra de nuestra voluntad es fruto de una parte de nuestra mente: el inconsciente.

En este artículo hablaremos de qué es el inconsciente y cómo es de importante en la creación de nuestra identidad.

el inconsciente

¿Qué es el inconsciente?

El término inconsciente fue empleado por primera vez como en 1751 por el jurista escocés Henry Lord Kames, como adjetivo para calificar un estado o disposición mental que presenta aquel sujeto que desarrolla inadvertidamente su comportamiento, es decir, sin darse cuenta, y que, en general, no depende de su voluntad en realizarlo.

Lo cierto es que el origen del inconsciente se remonta a René Descartes y al principio del dualismo cuerpo/mente, que llevaba a hacer de la conciencia (y del cogito) el lugar de la razón, opuesto al universo de la sinrazón. El pensamiento inconsciente apareció entonces domesticado, sea para integrarlo a la razón o para rechazarlo.

Fue el padre del psicoanálisis Sigmund Freud quien desempolvó el vocablo y quien empezó a darle el valor que se merece. Según Freud, el inconsciente es un sistema y un lugar psíquico desconocido para la conciencia («la otra escena») donde subyace el conjunto de los contenidos reprimidos que son mantenidos al margen, apartados de la conciencia.

La realidad es que hoy en día tenemos a nuestra disposición numerosas investigaciones neurocientíficas que apoyan la existencia de la mente inconsciente.​ Por ejemplo, en el estudio de Siong Soon et al. demostraron cómo imágenes subliminales influyen en la toma de decisiones del mismo modo que aquellas imágenes que habían estado procesadas de forma consciente por la persona. 

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La influencia de nuestra mente

Habitualmente nos encontramos ante situaciones en las que no comprendemos nuestra forma de actuar. Reflexiones como “me gustaría que no me importase, pero no puedo”, “siempre acabo con el mismo tipo de pareja y no sé por qué”, “me bloqueo y no logro expresar lo que siento”, etc. 

Son frases que reflejan la incapacidad de control ante, aparentemente, una fuerza invisible y misteriosa que nos arrastra inevitablemente a comportarnos al contrario de como nos gustaría. 

Antes, cuando el ser humano no entendía el origen de algo lo identificaba con magia, dioses y posesiones. Por suerte, la ciencia ha dado explicación al origen de tal extraña posesión demoníaca: los complejos inconscientes.

Nuestra psique gestiona millones y millones de percepciones que crean infinidad de conexiones, dando lugar a datos.Se cree que el cerebro humano recibe un promedio de 70 mill. de percepciones diarias. Esto quiere decir, que nuestro cerebro recibe 70 mil de llamadas tanto externas como internas.

En la excelente tarea de no volvemos locos, nuestro cerebro organiza minuciosamente dicha información. De tal forma que en las primeras estanterías, deja toda aquella información que nos es necesaria en nuestro día a día y que ha generado el suficiente impacto como para posicionarlas a simple vista. Esta posición se refiere al Consciente.

A medida que la información se va acumulando y/o perdiendo interés, se va ubicando en estanterías superiores, lejos de nuestra visión y alcance; o lo que es lo mismo, en nuestro Inconsciente.

Hagamos las cosas prácticas

Un olor que nos evoca un recuerdo, una persona que nos provoca rechazo sin conocerla, un estado de bloqueo cuando alguien nos chilla, la imposibilidad de efectuar un cambio… Todas aquellas conductas que emanan de nosotros sin aparentemente haber dado la orden de que sea así, es un reacción de nuestro cerebro ante un estímulo ya conocido, pero del cual no somos conscientes que lo estamos percibiendo otra vez, y que tiene asociado un aprendizaje.

De tal forma que la simple sonrisa de una persona puede evocar las sensaciones que percibimos tiempo atrás con alguien que nos castigó, por ejemplo, y sonreía igual.

Todas las personas necesitamos tener esta estructura interior estable en la que poder confiar (llámalo intuición si lo prefieres).

La gestión de esta estructura es una tarea fundamental para el bienestar y el desarrollo del ser humano. 

El fracaso en el análisis de toda esta información inconsciente es una de las causas fundamentales de la llamada “crisis de los cuarenta”. La vida de estas personas está guiada por sus complejos inconscientes negativos, y esto provoca una gran desorientación. Les gustaría ir en una dirección, pero sus complejos les dirigen por el camino contrario. Es como luchar contra una fuerte marea que proviene de nuestro interior y que boicotea nuestra integridad. ¿Coge sentido el “demonios”?

Como puedes intuir, el número de complejos inconscientes -tanto negativos como positivos- que forman parte de nosotros, es exponencial al número de años y experiencias que hemos vivido.
La conducta es solamente una señal de alarma y lugar donde desemboca un complejo inconsciente. 

Llegar al origen de las sensaciones que provocan malestar, es la única clave para iniciar un trabajo que modifique todo el circuito y acabe con tu reacción de bloqueo ante el comentario de turno.

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