Desmitificando la Inteligencia emocional para adultos

Desde que Daniel Goleman publicó el libro “Inteligencia emocional” en 1995, el concepto de IE ha subido como la espuma, especialmente para los adultos.

El hecho de poder “controlar” nuestras emociones hizo en la humanidad el mismo efecto que los caramelos Mentos con la Coca-cola: explotar sin control.

Explotar porque ha inundado todos los ámbitos sociales: escuelas, empresas, estilos de crianza, desarrollo personal, relaciones personales… Sin control porque, una vez más, nos exigimos ser de una manera que no estamos seguros exactamente lo qué es y qué tenemos que hacer.

Lejos de crear controversia sobre aquellas personas afines a Goleman, en este artículo pretendemos arrojar luz sobre esta tendencia con la intención de hacer un ejercicio de escepticismo; y poder dar la oportunidad de valorar –lejos del populismo y el marketing – qué hay detrás de la palabra “inteligencia emocional”.

¿Qué es la inteligencia emocional para adultos?

Si ponemos en internet “qué es la inteligencia emocional” encontramos millones de artículos relacionados, explicando una y otra vez lo mismo, es decir, aprovechando la ola de la IE para adultos.

La IE, entendida desde la perspectiva de Goleman, se trata de “la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás”.

Para ser algo que pretenda acabar con las emociones y sentimientos negativos, en todo mi carrera de psicología, nunca he visto una definición que contenga tantas palabras negativas: controlar, diferir, regular, evitar… ¡Qué estrés! Así que vayamos por partes.

Bien, es interesante saber que esta idea o concepto siempre ha estado presente a lo largo de la historia de la psicología. El profesor Goleman no la formuló, solo la popularizó en 1995 gracias a su libro, del cual lleva vendidas ya más de 5 millones de copias.

En realidad ya en 1920 Edward L. Thorndike definió la «inteligencia social» como la habilidad básica para comprender y motivar a otras personas.

Más tarde, el propio Howard Gardner – autor de la teoría de las inteligencias múltiples– ya pondría los primeros cimientos con la séptima de sus inteligencias, la llamada inteligencia interpersonal, muy parecida sin duda a la emocional.

No obstante, fue en 1985 cuando apareció por primera vez el término «inteligencia emocional» gracias a la tesis doctoral de Wayne Payne. Solo 10 años después, un psicólogo y periodista norteamericano llamado Daniel Goleman inició la búsqueda de algo que aún no se ha detenido.

Inteligencia emocional para adultos

Elementos de la inteligencia emocional

Vamos a repasar los distintos elementos que conforman este tipo de inteligencia tan preciada en nuestros tiempos. Eso sí, desde una perspectiva pragmática y lo menos etérea posible.

1- Autoconocimiento emocional: Hace referencia a la consciencia de nuestros sentimientos y emociones, y al conocimiento de cómo estos nos influyen.

En realidad, pocas cosas son tan complejas como lograr conocernos a nosotros mismos en profundidad. Seamos sinceros, si a veces nos resulta complicado tener claras nuestras prioridades en nuestro día a día, mucho más difícil es ser conscientes de nuestras emociones en cada momento.

¿Alguna vez te has visto gritando a tu hijo/a por una tontería?¿O llorar sin motivo aparente?. Parar y lograr identificar qué nos duele, el por qué de ese sufrimiento, molestia o contradicción, nos ayudará a entender el origen y, por lo tanto, nos permitirá ajustar nuestras emociones.
Es complicado, pero no imposible y en realidad tomar conciencia de cómo nos sentimos es la punta de lanza del tema que nos concierne.

2- Autocontrol emocional: Según iba escribiendo el título de este punto, algo dentro de mí se iba encogiendo. En mi cabeza no entra la palabra “autocontrol” y “bienestar” juntas. Además, el autocontrol emocional es algo que se aleja del concepto de la asertividad, entendida desde la perspectiva real.

Partamos de lo básico, una emoción es la reacción química que se produce en nuestro cerebro como respuesta a un estímulo externo, y que trae como consecuencia una alteración en nuestro cuerpo. Este proceso es el más antiguo y básico de nuestro cerebro, y se lleva a cabo en el cerebro reptiliano o sistema límbico.

¿Qué nivel de don tenemos nosotros los humanos para romper millones de años de respuestas reflejas e instintivas? Ninguno. Es justo este tipo de planteamientos ilógicos y antinaturales los que provocan frustración cuando fallamos en el intento de controlar nuestras emociones. Eso sí, Goleman tiene la solución: “perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones”.

Ironía a parte, es ineficiente luchar contra las emociones o pretender cambiar la rabia por la alegría. Lo que sí puedes hacer es identificar la emoción que se está generando y adaptar o regular su intensidad para conseguir tu propósito.

3- Automotivación: Enfocar las emociones hacia objetivos y metas nos permite mantener la motivación y establecer nuestra atención en el propósito en vez de en los obstáculos.

Eso sí, no te desesperes porque no consigues encontrar la motivación para pasar 2 horas delante del ordenador haciendo el informe de rigor. La motivación va ligada a la recompensa de bienestar. Una vez más, en nuestro sistema límbico, la amígdala se encarga de evaluar la posible recompensa que habrá al realizar una acción, gracias a las experiencias previas satisfactorias almacenadas en nuestro hipocampo.


Dale la vuelta al paradigma. No te focalices en generar motivación a través de una tarea que en realidad no resulta satisfactoria, focalizate en la satisfacción que provoca acabar antes todo el trabajo por ejemplo.

4- Reconocimientos de las emociones en los demás: Este concepto se suele confundir con la empatía, pero el término empatía es mucho más que simplemente identificar las emociones. En palabras – muy acertadas- del neurólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo Boris Cyrulnik, la empatía es la capacidad de descentralizarse uno mismo para representar el mundo de otro.

Así pues, reconocer las emociones y sentimientos de los demás es el primer paso para comprender e identificarnos con las personas que los expresan.

5- Relaciones interpersonales o habilidades sociales: Como seres sociales que somos, una buena relación con los demás es una fuente imprescindible de bienestar. Esto pasa por saber tratar y comunicarse con aquellas personas que nos resultan simpáticas o cercanas, pero también con personas que no nos sugieran muy buenas vibraciones.

Este tipo de inteligencia está muy relacionada con la Inteligencia Verbal, de manera que, en parte, se solapan entre sí. Esto puede ser debido a que parte del modo en el que experimentamos las emociones está mediado por nuestras relaciones sociales, y por nuestra manera de comprender lo que dicen los demás.

Crítica a la Inteligencia Emocional para adultos

Aún haber desgranado la IE desde mi humilde perspectiva, lo cierto es que el mensaje marketiniano de Goleman ha sido criticado por asumir la existencia de un tipo de inteligencia asociada a las emociones. Algunos expertos creen que el término de la IE confunde conceptos y definiciones anteriormente aceptadas.

 

Eysenck (2000) señala que la obra de Goleman contiene conceptos errados sobre qué es la inteligencia, yendo incluso a contramano del consenso científico en la materia. “Si estas cinco «habilidades» definen la «inteligencia emocional», esperaríamos alguna evidencia de que están altamente correlacionadas; en cambio Goleman admite que podrían estar un poco desrelacionadas, y en todo caso si no podemos medirlas, ¿cómo sabemos si lo están? Así que toda la teoría se construye sobre arena movediza: no hay ninguna base científica sólida«.


Del mismo modo, Locke afirma que el concepto de la IE es en sí una mala interpretación del concepto de inteligencia, y ofrece una interpretación alternativa: no es otra forma o tipo de inteligencia, sino que es la inteligencia (entendida como la capacidad de comprender abstracciones) aplicada a un dominio particular de la vida: las emociones. Sugiere que el concepto debe ser reetiquetado como una habilidad.

 

Por otro lado, Adam Grant advirtió de la percepción común pero errónea de la IE como una cualidad moral deseable en lugar de una habilidad. Grant afirma que una IE bien desarrollada no solo es una herramienta fundamental para el cumplimiento de metas, sino que tiene un lado oscuro, como un arma para manipular a los demás robándoles su capacidad de razonar.


Así pues, teniendo en cuenta todo esto, nosotros preferimos definir la inteligencia emocional como un constructo que se refiere a la habilidad de los individuos para reconocer sus propias emociones y las de los demás, discriminar (que no evitar) entre diferentes sentimientos y etiquetarlos apropiadamente, utilizar información emocional para guiar (que no diferir) el pensamiento y la conducta, y administrar o ajustar (que no controlar) las emociones para adaptarse y conseguir los objetivos.

TRANSFORMA Y MEJORA TU VIDA

TEST GRATUITO QUE TE AYUDARÁ A CONOCERTE MEJOR

×