Crianza respetuosa: Aplicación de los límites

Consejos sobre la aplicación de límites en educación positiva.

En artículos anteriores, hablamos de la gestión de los límites en los niños y niñas según la crianza respetuosa y positiva. Definimos qué es un límite y cómo construirlos.

Aunque conocer técnicas sobre los límites nos pueden ayudar a crearlos, no debemos olvidar que el componente de cómo los expresamos es la variable más importante. Así pues, está bien conocer la teoría pero tienes que trabajar la práctica de cómo los proyectas. De lo contrario, quizás te estás esforzando sin obtener resultados.

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Cómo aplicar límites en la crianza respetuosa

Sé firme y amable.  Es una de las máximas de la disciplina positiva. Dile cómo te hace sentir su comportamiento, qué es lo que no te gusta y qué es lo que sí te gusta. Luego hazle saber que lo quieres de manera incondicional. 

Ejemplo: Sé que te sientes enfadado, pero me hace daño que me pegues, me gusta cuando me explicas, sin gritar, qué es lo que te hace sentir así.

Comprueba tu lenguaje corporal. La comunicación no verbal da más información que la comunicación verbal. Siempre ponte a la altura de tu hijo, háblale con firmeza pero con un tono adecuado, sin elevar la voz. Transmite amabilidad con una sonrisa e incluso busca el contacto físico positivo (un abrazo, una caricia, etc.).  

Cuando marques un límite, cambia el PERO por el Y . ¿Qué quiere decir ésto? Cuando les decimos “entiendo que te lo estás pasando bien, pero tienes que poner la mesa” es lo típico de “siempre tiene que haber un pero, realmente no entiendes cómo me siento”. La percepción es diferente de cuando se dice “entiendo que te lo estás pasando bien y tienes que poner la mesa, después de comer, podrás seguir jugando”. 

Recuerda avisar de la inminencia del límite. Los padres tenemos la suerte de poder anticipar en qué circunstancias podemos tener un conflicto con nuestros hijos por la aplicación de algún límite. ¡Aprovechémonos de ello!

Ejemplo: Si sabes que el momento de salir de la bañera es un momento crítico, podemos ir recordándole el límite que ya conoce con anterioridad “Acuérdate que en 5 minutos tienes que salir de la ducha”. Ésto les da tiempo de acabar lo que están haciendo.

Otro ejemplo es: «Si tardas tanto en salir de la ducha, no te voy a leer un cuento«, puede substituirse por «hoy estás tardando mucho en salir de la ducha, espero que te de tiempo a leer el cuento«.

Da opciones. Permite que puedan elegir. Por ejemplo, si de postre siempre deben tomar fruta, podemos darle elegir entre dos frutas que tengamos en casa. 

Ejemplo. De postre, ¿te apetece más el plátano o la sandía?

Usa preguntas de curiosidad y evita el tono imperativo.

Ejemplo. En lugar de decirle “¡Cepíllate los dientes antes de acostarte!”, puedes preguntarle “¿recuerdas que tenemos que hacer después de cenar y antes de acostarnos?”

Usa palabras cortas

Ejemplo. En lugar de decirle “¡Cepíllate los dientes antes de acostarte!”, que puede dar opción a una negativa, simplemente di, en tono cariñoso, “¡dientes!”

Evita ataques hacia su persona. Refiérete a la acción o a los hechos de manera neutra, en lugar de al comportamiento del niño. Así no se sentirá atacado.

Ejemplo. Si se deja el agua encendida mientras se cepilla los dientes, en lugar de decirle “Estás gastando agua”, puedes probar con “se está gastando agua”. 

Haz cumplir el límite. Sé consecuente con los límites. No vale decir que no se puede ver la TV por la noche, pero el día que estás cansado, dejarle ponerla porque no te apetece discutir. Ésto desestabiliza al niño y hace que no sepa qué se espera de él. Esto tampoco quiere decir que periódicamente puedan revisarse los límites.

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¿Y si no respeta los límites?

Recuerda que no hay niños malos, solo malos comportamientos. Esta premisa es básica en la disciplina positiva. Recuerda que si te sientes desafiado por tu hijo, es que hay una necesidad que no está siendo cubierta. ¿Sabes cuáles son esas necesidades? Te dejo este link para que puedas tener una pequeña idea, pero próximamente habrá un post más detallado al respecto.  Así que desaprobamos conductas, no al niño.

Revisa que tus expectativas están de acuerdo con la edad y ritmo de desarrollo del niño. Te recomiendo que verifiques que el niño está preparado para asumir el límite planteado. La mayoría de veces, no rompen las reglas a propósito, simplemente es que los niños no tienen desarrollada el área del cerebro que controla las emociones y los impulsos. Es normal que un niño de 3 años no pueda estar sentado 2 horas en la mesa de un restaurante y tenga la necesidad de corretear entre las mesas. 

Muestra empatía.  Empatía real. Ponte en el lugar de tu hijo de verdad. Piensa en lo que le puede costar dejar a medias un juego con el que se lo está pasando en grande para ir a cenar unas lentejas. No es un cambio muy apetecible. Si muestras empatía, es el momento en que se crea la conexión. Que tu hijo/a sienta sus sentimientos validados, hace que esté más abierto a cooperar con tus indicaciones. 

Ejemplo. Entiendo que te molestes por tener que dejar de jugar para venir a cenar. Yo también me sentiría así si tuviese que dejar de hacer algo que me gusta mucho. Y ahora es el momento de ir a cenar. 

Pregunta. Tu hijo puede tener sus motivos para no cumplir el límite. Es importante, antes de tomar una medida, preguntarle el por qué no quiere cumplirlo. 

Ejemplo: el niño estalla en chillidos y pataleos cada vez que se le sienta en el coche. Si le preguntas por qué, tal vez te de un motivo «es que me hace daño en el pañal» y simplemente, es que esta demasiado apretado el cinturón y aflojándolo un poco, se solucione.

Y te preguntarás, ¿por qué no me dice lo que le pasa directamente? Pues porque es un niño. Tal vez no ha analizado lo que le pasa, o tal vez no sabe explicártelo, o simplemente por que no. No son adultos racionales, son pequeños adultos en formación y necesitan de nuestra ayuda para expresarse y entender qué les sucede.

Los límites pueden cambiar. Los límites pueden modificarse con el tiempo, pueden negociarse y replantearse siempre que sea necesario. Revísalos periódicamente y adáptalos a la circunstancia de tus hijos. 

Silvia Polo
– Graduada en psicología con mención clínica por la Universidad de Barcelona.
– En continua formación en disciplinas positivas y pedagógicas alternativas.
– Escritora del blog www.mamacontacones.com

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