¿POR QUÉ NO PUEDO COMUNICARME CON MI HIJO/A?

La realidad de los problemas en la comunicación

Los hijos no vienen con un pan bajo el brazo, ni con un manual de instrucciones. Son como las plantas, necesitan tiempo para formar sus tallos, sus hojas, un ambiente adecuado, tierra y nutrientes, además del calor del sol. Sirva esta metáfora para ejemplificar que formamos futuros adultos, y eso nos carga de una inmensa responsabilidad que quizá no conseguimos alcanzar.

En este artículo hablaremos de uno de los principales problemas con el que se encuentra la mayoría de padres: ¿Por qué no puedo comunicarme con mi hijo/a?

Principales problemas en las relaciones con los hijos

En primer lugar, queremos criar hiperhijos que surgen de hiperpadres, sobreprotegiendolos y dirigiendolos constantemente. Resultando de ello una carencia de autonomía que aún nos carga con más estrés en el momento que nos inundan las inseguridades de que no llegamos con ellos donde queremos llegar. Las metas que nos marcamos para sus futuros son: éxito, felicidad, notoriedad social… 

Si lo hacemos todo tan bien ¿Por qué nos sentimos tan a menudo fracasados como padres? ¿Por qué perdemos la conexión con ellos? Probablemente les estamos protegiendo y ayudando a no caer y equivocarse hasta tal punto que pierden la conexión con la realidad, de lo que es luchar para conseguir metas, la capacidad de superar la frustración, y el deseo de competir consigo mismos. O por el contrario, realmente no estamos preparados para ser padres con todo lo que supone, y usamos a otras personas como barrera para eludir nuestras responsabilidades, delegando en cuidadores, profesores, academias y tecnologías.

En ambos casos, se suele presentar el mismo sentimiento de no tener tiempo necesario para dedicarles por las actividades diarias y laborales.
A falta de herramientas emocionales y afectivas heredadas de generaciones pasadas, muchos acudimos a comprar el afecto o el esfuerzo de nuestros hijos con cosas materiales: la última consola, el último videojuego, el último teléfono… ¿Hemos probado a no darles todo lo que piden desde la sociedad consumista? ¿Hemos pensado que con tiempo y amor podemos reconducir esto?. Sí, tiempo.

La solución parte de nosotros

Si tu hijo se ha convertido en un príncipe o princesa retraído/a, o en un tirano/a que además exige y no atiende a diálogos, quizá deberíamos plantearnos un cambio de nuestra actitud desde cero. Resetear y convertirnos en guías y no en salvadores (que no se caiga, que no cargue con la mochila, que no le suspenda el profesor…). Todos somos responsables de nuestra parcela, pero no debemos coartar la forma natural de aprender con límites y teniendo que desarrollar herramientas de acercamiento a los demás que nos permitan ser y no parecer.

Para ello necesitamos reconducir este tipo de conductas, desde una perspectiva individual y familiar. Asumir que las herramientas que estamos usando no nos funcionan y estar abiertos a aprender nuevas. Debemos querer mejorar esa relación tóxica con nuestro hijo a través de una escucha activa de sus fortalezas y sus debilidades. Podemos intentar una nueva forma de enfocar esta relación paterno filial, aprendiendo a comprender las reales necesidades emocionales, los bloqueos y los miedos que debe enfrentar para llegar a las metas que mencionamos al principio del artículo y que sean la mejor versión de si mismos. 

La solución pasa por implicar nuestro tiempo, nuestra paciencia y todo el esfuerzo del que seamos capaces. Nosotros conocemos a nuestros hijos en casa, pero como son en la calle, en el colegio, con sus amigos… Son parcelas que tenemos que cotejar y comenzar a controlar en función de sus edades y estar preparados para ser realistas, amándolos con sus imperfecciones. 

La mayoría de las veces solo hace falta invertir tiempo, amor y motivación. Si por el contrario has perdido la motivación por la tan importante tarea de cuidar y educar a tus hijos, antes de plantearte qué le pasa a él o a ella, quizás debas cuestionar la manera en la que estás gestionando el día a día.

comunicación con hijos adolescentes

Marta R.
Licenciada en Geografía e Historia.
Tutora de Bachillerato.

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