Cómo educar sin castigar

20 consejos para educar sin castigo

Iniciarse en el estilo de crianza de educar sin castigar puede ser un poco confuso, así que hoy quiero ofreceros una serie de técnicas que pueden ser útiles para empezar con este modo de crianza.

Seguramente nos será más fácil interiorizar este modelo de educación, si entendemos que no hay niños malos, sino conductas erróneas. Los niños no se portan mal para fastidiarte o manipularte. Si se portan mal es porque hay una necesidad que no está siendo cubierta o una emoción que no sabe expresar de otro modo.

Técnicas de crianza respetuosa.

1. Establece normas y límites bien delimitados. Lo que tu puedes entender por una petición, no es lo mismo que lo que pueda entender el niño. Tal vez, tú entiendes que ordenar la habitación es guardar todo en su sitio y hacer la cama. Sin embargo, tu hijo entiende que es solamente hacer la cama. No es lo mismo decir «ordena tu cuarto», que «por favor, necesito que antes de irte a la escuela pongas tus juguetes en sus cajas y hagas la cama».

Si es necesario, al marcar los límites, puedes preguntarle si le ha quedado claro o si tiene alguna duda.

2. Tener en cuenta al niño. Los humanos somos seres sociales. Estamos diseñados para vivir en comunidad y cooperar. Los niños quieren sentir que son importantes para la comunidad y que se les tiene en cuenta, que son un miembro más de la familia, con los mismos derechos que el resto. Déjale que pueda tomar decisiones, que pueda opinar y que participe diariamente. Déjale que ayude a recoger la mesa, aunque no lo haga perfecto.

3. Ser amable y firme a la vez. Ser firme dando negativa no está reñido con poder ser amable. Ejemplo:  Te quiero mucho, pero hoy no podemos ir al parque. 

4. Da una explicación. Ante una negativa, ¿por qué no podemos explicarle al niño el motivo? Y no vale «porque soy tu padre». Ejemplo: Hoy no podemos ir al parque porque mamá está muy cansada.

5. Da alternativas (si es posible). -Hoy no podemos ir al parque porque mamá está muy cansada, pero podemos jugar a lo que tu quieras en casa.

6. Utiliza lenguaje positivo. En lugar de decir qué no puede hacer, dile qué puede hacer. En lugar de decirle que no puede saltar en el sofá, es mejor decirle dónde puede saltar (en el suelo, en el jardín…)

7. Pregunta, pregunta y vuelve a preguntar. Pregunta por qué ha hecho lo que ha hecho. Pregunta qué cree que podemos hacer para solventarlo. Pregunta qué consecuencias cree que puede tener determinada acción…

Con preguntas, hacemos que el niño reflexione y pueda tomar decisiones y, además, podemos averiguar que hay más allá de esa conducta.

Analiza sus razones. Lo más seguro es que detrás de ese mal comportamiento haya una emoción que no sabe expresar con palabras. Tal vez no sabe decirte «m/papá, me siento desplazado, siento que dedicáis toda vuestra atención a mi hermano y que todo el amor que antes era para mí, se lo dais a él, y me da mucha rabia«. Esa emoción (al menos para mí) no es motivo de castigo. Es una emoción que no ha sabido canalizar. Si tú mismo/a muchas veces no sabes gestionar un sentimiento de rabia, ¿cómo lo va a poder gestionar un niño de 2, 3, 4, 5 años?

Una vez tengas la respuesta, sigue preguntando. Pregúntale si a él le gustaría que le pegase su hermano (trabajas empatía), pregúntale cómo cree que debería actuar si vuelve a sentirse enfadado, o triste (trabajas inteligencia emocional), pregúntale cómo cree que deberías actuar tú ahora (trabajas consecuencias y de nuevo, empatía).

Tampoco tengas miedo a preguntarle si puedes hacer alguna cosa para que se sienta mejor. No es señal de debilidad, ni de que te domine. Es señal de que te preocupas por su bienestar y quieres ayudarlo.

8. Deja que experimente las consecuencias de sus actos. Deja que las consecuencias naturales de sus decisiones hagan su trabajo (cuando sea posible).  Si tu hijo decide que no quiere cenar la verdura, lo más probable es que acabe teniendo hambre por la noche. Seguramente, la sensación de hambre le enseñará que tal vez deba cenar un poco la próxima vez, aunque no sea su plato favorito. No hace falta que entremos en una lucha para que cene, que le gritemos o que le mandemos a la habitación.

Puntualizo que las consecuencias lógicas no son mi técnica favorita, pero haré un post detallando los tipos de consecuencias y cómo aplicarlas de la mejor manera.

9. Dale opciones (limitadas). Permítele que se sienta autónomo, que puede tomar decisiones sobre lo que le afecta directamente a él. Estas opciones deberían ser limitadas.

Por ejemplo: ¿prefieres la chaqueta negra o la azul? ¿prefieres brócoli o zanahoria? Así, dentro de que debe ponerse chaqueta o comer verdura, siente que tiene cierto poder para elegir lo que prefiere.

10. Respeta que no quiera hablar. Hay momentos en que un adulto quiere estar solo. ¿Por qué no iba a querer un niño? Simplemente, hazle saber que cuando esté más tranquilo, puede contar contigo para hablar de lo ocurrido. Pregúntale si quiere que te quedes con él, o quiere estar solo. Déjale su espacio, si lo necesita.

11. Escucha. No dejes que hable y mientras, tú piensas qué contestarle. Escúchale para entenderle, para comprenderle y para apoyarle.

12. No penalices los errores, buscad soluciones. Los errores o equivocaciones son oportunidades perfectas para aprender y mejorar. Como diría María Montessori, el error es el motor del aprendizaje. Todos nos equivocamos. No es necesario “castigar” a un niño por derramar agua al servirse un vaso.

13. Negocia. No entiendo por qué los adultos debemos tener la última palabra. No es malcriar el negociar con nuestro hijo. Él es una persona libre, con sus preferencias, y puede expersárnoslas para que encontremos un punto de acuerdo (que no implica ceder a sus deseos).

Haz que se sienta incluido en las decisiones de la familia y en los límites que le conciernen a él.

Déjale que escoja qué día de la semana puede cenar su comida favorita. Algo tan sencillo como «Cariño, esta semana, ¿qué día quieres cenar tu plato favorito?» y un calendario con los menús en la nevera, puede ahorrar situaciones conflictivas porque el niño ya va a saber qué toca cada día de cenar y ha podido decidir él qué día quiere disfrutar de su plato favorito.

14. Avisar qué vamos a hacer y cumplirlo. Con ello le mostramos que no podemos exigir a los demás que nos traten con respeto o que hagan lo que nosotros queremos, pero sí que podemos controlar nuestras conductas. 

-Si tu hijo te habla mal, puedes avisarle de que si no te trata con respeto o te grita, te sentarás en el sofá a leer hasta que pueda hablarte bien.

15. Sé su ejemplo. Siempre digo que los niños no hacen lo que se les dice, si no lo que ven. No tiene sentido que le pidas que no pegue a sus compañeros, si tú cuándo tiene una rabieta o una mala contestación, le pegas en el culo. El día que un compañero le diga algo que no le guste, será normal que le pegue. Y no tiene sentido que le castigues, sermonees o reproches por ello.

Si tu le hablas gritando, ¿cómo pretendes que no te grite?

16. Valida sus sentimientos. Ponte en su lugar, piensa en sus sentimientos, en sus deseos… Puede sentir frustración, rabia, ira y no saberla gestionar. Hazle saber que le comprendes y que eres su sostén.

Entiendo que te enfades porque querías ir al parque, es muy divertido ir después de todo el día en el cole

17. No le engañes. Sé sincero, no le mientas. Puedes decirle la verdad, aunque le cueste asumirla. Pero no tiene sentido que le digas que el parque está cerrado y por eso no podemos ir. No tiene sentido que intentemos engañarle para ahorrarnos una «rabieta». Le estamos enseñando que cualquier cosa es válida para conseguir un objetivo (mentir para no ir al parque). Le enseñamos que no pasa nada por mentir. Y cuando se de cuenta del engaño, sabrá que no puede confiar ni en sus padres.

Además, tú también tienes derecho a tener emociones, y no debes esconderlas a tu hijo. Puedes estar enfadado, cansado, triste. No tengas miedo a explicárselo. Es parte de la educación de la inteligencia emocional.

Entiendo que te enfades porque te hacía mucha ilusión ir al parque, pero mamá está muy cansada y necesito que busquemos un juego más tranquilo en casa.

18. Ten expectativas adecuadas a la edad del niño. Puedes sentirte frustrado porque tu hijo muchas veces no va a hacer lo que esperas que haga, y dicho de paso, porque tienes unas expectativas no reales.

Tal vez piensas que después de decirle a tu hijo 100 veces que antes de coger un juguete nuevo, recoja con los que está jugando, él lo hará. Y no tiene por qué. Normalmente, no es que no quiera obedecerte para retarte, simplemente es que los niños necesitan poner los límites a prueba constantemente para saber si siguen ahí,a veces se les olvida y a veces es que madurativamente no está preparado para interiorizar tus peticiones. Así que paciencia.

No puedes pretender que un niño de 2 años sea capaz de gestionar la frustración como lo harías tú.

Por ejemplo, no tiene sentido que dejes cosas al alcance del niño de 2 años y que le digas que no puede tocarlas. Los niños están programados para tocar, explorar y experimentar. Es la manera en que aprenden. En lugar de prohibirle tocar el móvil que tan suculentamente has dejado en la mesa a su alcance, intenta ayudarle a que ponga el foco de atención en otro sitio.

19. Abraza. Quiérelo. Haz que se sienta querido, haz que sepa que tu amor es incondicional. «Quiereme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite«.

Sé que es difícil mostrar cariño cuando el niño te está montando un pollo en medio de Mercadona porque no le compras esos helados tan buenos. Pero es que a mí tampoco me sentaría nada bien querer comprar una casa, y que no me den la hipoteca. No chillaría y lloraría en medio del banco, pero tal vez sí que sentiría rabia y frustración que expresaría con mis amigos.

No tengas miedo a darle un abrazo, a darle la mano, a darle un beso. Aunque esté en plena rabieta, en pleno grito. No lo estás malcriando, no estás dando reconocimiento a esa «mala» conducta. Le estás haciendo saber que estás ahí para sostenerle, que tu amor por él es incondicional y y que puede contar contigo aunque su conducta no sea la más adecuada.

La clave principal de cómo educar sin castigar a los niños.

Y finalmente, un consejo para el día a día de la crianza respetuosa y la disciplina positiva: Mucha, mucha paciencia

Es un proceso largo, no es inmediato. Y durante este proceso, te criticarán, por qué habrá personas que pensarán que educas sin límites, que lo estás malcriando. Pero ponte tapones y confía en tí mismo/a y en tu hijo. Merecerá la pena.

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Silvia Polo
Graduada en psicología con mención clínica por la Universidad de Barcelona.
En continua formación en disciplinas positivas y pedagógicas alternativas.
Escritora del blog www.mamacontacones.com

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