Adolescentes desmotivados: el poder de las palabras

Detrás de las malas conductas, hay una emoción sin identificar

Como padres y profesores nos encontramos con hijos/alumnos con todo tipo de actitudes ante la vida y los estudios. Niños que se sienten incomprendidos y adolescentes desmotivados. Muchas veces aún no reconocen sus emociones porque están formando su personalidad. 

Si a los adultos nos resulta complicado gestionar nuestros estados de ánimo a lo largo del día y nos cuesta reconducirlos de forma positiva ¿Cómo pretendemos que los menores puedan entender lo que les pasa?

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Las reacciones ante la incomprensión

A menudo los padres acuden a los centros escolares manifestando que sus hijos están inapetentes, desmotivados, estresados, frustrados o apáticos. Los profesores y tutores no tenemos una varita mágica para resolver los problemas que se derivan de malas contestaciones, lágrimas, desidia, rabia e incluso violencia en los casos más exacerbados.

Estos comportamientos disruptivos en casa y en el aula a veces son fáciles de detectar cuando los jóvenes encuentran una persona en la que confiar y con la que desahogarse. Muchas veces es cuestión de romper el hielo que les mantiene bloqueados. No están peleados con el mundo. Nada más lejos de la realidad, muchos casos se resuelven simplemente con atención, diálogo y ofreciéndoles un hombro en el que desahogarse. 

Para llegar a ese punto de confianza podemos proceder con tacto o usar estrategias de choque. No hay una sola forma de hacer que una emoción negativa transmute en positiva. En ocasiones necesitamos recurrir al cariño y la dulzura, pero otras un comentario revulsivo es el que provoca un cambio y consigue el efecto deseado. 

Hay un ejemplo claro en la película “La niñera mágica.”. Comienza siendo horriblemente fea, con verrugas, expresión facial rígida, métodos basados en la disciplina y objetivos claros. La odian, al consideran cruel pero después, entendidos los límites y desarrollada su autoestima y confianza la quieren y se vuelve guapa. No tengamos miedo de usar todas las herramientas y técnicas hasta conseguir llegar a ellos, no tiremos la toalla con ninguno. Persistamos.

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El poder de la motivación

Claramente, un camino solo se consigue poniendo un pie delante del otro y caminando. A veces el sendero es llano y fácil de transitar, pero otras las dificultades nos superan y creemos que no podemos hacerlo porque las piedras nos lo impiden. Los adultos hemos aprendido a desarrollar herramientas, incluso a veces a poner el piloto automático mientras pasa la tormenta, pero los jóvenes no tienen esta capacidad desarrollada todavía. ¿Cómo hacemos frente a este problema los adultos?

Pues el primer paso hacia una solución es mejorar su autoestima, que crean en ellos y que comiencen dando pequeños pasos. No pretendamos ponerles metas inalcanzables sino aquellas que vean que pueden conseguir sin excesivo esfuerzo. Frases motivadoras y que mejoren su autoestima y seguridad en sí mismos como: tú puedes conseguirlo, con un poco de esfuerzo de tu parte puedes cumplir tu sueño de aprobar esta asignatura o de hacer nuevos amigos, o de encontrar una pareja que te comprenda. 

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Ayúdalo/a a definir pequeños objetivos

Ese «Tú puedes», pidiéndole que de pequeños pasos, conseguirá milagros la mayoría de las veces. Niños que se consideran torpes acaban siendo buenísimos estudiantes con la motivación adecuada. Hijos que en casa no colaboran o no se comunican, seguramente están deseando ser atendidos. Adolescentes sin habilidades sociales encuentran un grupo donde encajan y se transforman como los capullos de rosas que cuando florecen son exuberantes. Hay cambios y transformaciones que empiezan con un simple: “Si lo intentas,  lo conseguirás”.

Una clase en la que la autoestima de los alumnos es deficitaria, cambia radicalmente cuando el profesor les dice “tenemos 6 meses por delante para demostrarnos que somos la mejor clase del colegio. Lo vamos a conseguir y yo os voy a sacar lo mejor de cada uno para que brilléis. Me voy a sentir orgulloso/a de vosotros e imaginaros vuestros padres que contentos estarán con vuestro trabajo”. Les cambia la cara y la actitud. Yo lo he probado y funciona.

Así que cambiemos nuestro vocabulario: Tú puedes, eres capaz, alcanzarás tu meta en un tiempo, solo tienes que dar pequeños pasos…Y os aseguro que el éxito llega en menos tiempo del que esperamos. Practicad: padres, profes, amigos, parejas…. Realmente funciona. Sin ser conscientes, todos podemos usar la programación neurolingüística para conseguir el efecto Pigmalión.

Marta R.M

– Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Deusto.
– Máster en innovación, metodologías y evaluación aplicadas en la educación por Maecenas.
– Tutora de Bachillerato en Colegio Alborán.
– Creadora de blogs y del canal educativo en YouTube Marta R.M.

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